Capítulo 3: Los Enemigos de la Liberación

Gary North

Narrated By: Fernando Sanchez
Book: La Liberación Del Planeta Tierra
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Chapter Text

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mat. 6:24)

La esclavitud es un concepto ineludible. Nunca es un asunto de “esclavitud contra no esclavitud.” Es siempre un asunto de, esclavitud a quién.

Jesús advirtió contra el servir a Mamón. ¿Qué era Mamón? ¿Era el dinero? Sí. ¿Era el poder? Sí. ¿Era algo en el corazón del hombre que él exalta por encima de Dios? Sí. Jesús simplemente repitió el desafío que el profeta Elias había hecho al pueblo de Israel casi 800 años atrás.

Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos

pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió la palabra (l Ki. 18:21).

La gente no quiso correr riesgos. Ellos no estaban dispuestos a escoger a Dios a base de la palabra de Dios, o aún a base de todo lo que el Dios de los milagros les había mostrado cuando El liberó a sus antepasados de Egipto 700 años antes. No, ellos quisieron ver cuáles animales del sacrificio consumiría el fuego, los de Elías o los de los falsos profetas. Quisieron ver una señal de Dios. Como adoraron al poder, querían una señal de poder.

La Adoración del Poder

Ese mismo reto existe hoy: adorar a Dios o adorar el poder. No es que Dios tenga poder, es que El tiene todo el poder. Pero El quiere que los hombres le adoren porque El es justo, no simple mente porque tiene poder. Por el contrario, Satanás quiere que los hombres adoren el poder más que a Dios, porque él no tiene justicia, pero sí tiene cierto poder limitado aunque sumamente concentrado.

Por períodos breves en la historia, el poder visible de Satanás ha sido más que el poder visible poseído por el pueblo de Dios. Durante tiempos de apostasía y rebelión, Dios le ha quitado el poder de Su pueblo. Así que Satanás llama al hombre a pensar en el poder, a consumirse por el poder, y a buscar el poder. Jesús entendió esta debilidad en los corazo

nes del hombre, y nos advirtió:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33).

Jesús también nos advirtió acerca de algo más:

“Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:27-28).

Los que adoran a Satanás adoran el poder, pero su poder sobre los hombres no alcanza más allá de la tumba. Por lo tanto, ellos tienen que concentrar en este mundo el poder limitado que posean. Hacen todo lo posible para enfocar los ojos del hombre en el poder terrenal. Ellos quieren espantarnos con su poder.

¿Cuál debiera ser la respuesta apropiada de los cristianos? Es tomar el poder en serio, pero no adorarlo. Es entender que los cristianos tienen acceso al trono de Dios por medio de la oración. Los cristianos pueden comunicarse con el Dios que posee todo el poder. Ellos pueden hacer esto en oración personal, y lo pueden hacer en adoración pública (véase al Salmo 83 como ejemplo de oración pública). Los cristianos adoran a Dios, y no mamón. Adoran al que puede destruir tanto el cuerpo como el alma en el infierno, y no simplemente el mamón, que sólo puede destruir el cuerpo en la historia. Y aún para hacer esto, Satanás debe obtener primero el permiso de Dios (Job 1).

¿Es moral que los cristianos busquen el poder? Si la respuesta es no, ¿por qué no? Pero si la respuesta es sí, ¿bajo cuáles condiciones es moral? Este es un antiguo debate en la historia del cristianismo.

Tres Panoramas Religiosos del Mundo

Hay tres perspectivas principales que prevalecen hoy con respecto al poder. Dos de ellas se oponen a la liberación; una la favorecen. De los dos sistemas que se oponen uno viene en el nombre del poder, y el otro viene en el nombre de la fuga del poder. Estas perspectivas religiosas son antiguos rivales. Han estado en guerra el uno con el otro, pero han hecho alianzas temporáneas el uno con el otro, tan atrás en la historia como podemos documentarlo. Yo las llamo la religión de poder, la religión escapista, y la religión de dominio.

Considere a los esclavos hebreos en Egipto. Ellos querían escapar de la esclavitud, porque gimieron. Y Dios oyó su gemido (Ex. 2:24; 6:5). Sin embargo cuando mandó a Moisés y a Aarón a liberarlos, ¿cuál fue la respuesta de los ancianos de Israel? Fue tratar de lograr que Moisés dejara de confrontar a faraón.

Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de faraón, les dijeron; Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten. (Ex. 5:20-21)

Temían a la espada de faraón más de lo que temían la esclavitud del faraón. Pero esto significó también que ellos temían a los dioses de Egipto más de lo que temían al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. Entonces Dios tuvo que demostrar Su poder sobre los dioses de Egipto con las diez plagas. Aún así, los israelitas le temieron a faraón. Entonces Dios los liberó del faraón y ahogó a los egipcios en el mar. Luego, empezaron a temer a los cananeos, que eran mucho más débiles. Vivieron según su temor porque adoraron el poder más que adoraron a Dios. Quisieron el escape de sus obligaciones dadas por Dios, y esto quería decir adorar el poder de los reinos de Satanás. Su religión escapista los hizo aliados con la religión de poder de Satanás.

La historia del hombre se puede entender según la creciente conciencia propia que tiene el hombre de las consecuencias de su religión. Por lo tanto, hoy en día estés dos temas —el poder frente a la fuga —han llegado a ser más marcados y cada vez mas difícil de postergar. Necesitamos considerar los tres puntos de vista detalladamente.

1. La Religión de Poder

Esto es una perspectiva religiosa que afirma que la meta más importante de un hombre, grupo, o especie, es la adquisición y conservación del poder. El poder se ve como el atributo principal de Dios, o si la religión es oficialmente ateísta, entonces es el atributo principal del hombre. Esta perspectiva es una perversión satánica del mandato de Dios al hombre de ejercitar el dominio sobre toda la creación (Gen. 1:26- 28).1 Es un esfuerzo por ejercitar el dominio aparte de la subordinación basada en el pacto al verdadero Dios Creador.

1. North, Gary, The Dominion Covenant: Genesis (Tyler, Texas: Instituto de la Economía Cristiana, 1982).

Lo que distingue a la religión bíblica de dominio de la religión satánica de poder, es la ética. La persona que busca el poder ¿lo hace para la gloria de Dios como su meta primaria, y luego para sí mismo, y sólo hasta el punto en que es un representante legal y fiel en pacto con Dios? Si ése es el caso, él actuará según los principios éticas de Dios y según una profesión de fe en El. Históricamente la iglesia ha reconocido este doble requisito, y ha establecido este doble requisito para sus miembros: una profesión de fe y una vida santa.

Por el contrario, la religión de poder es una religión de autonomía. Esta afirma que “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.” (Deuteronomio 8:17). Busca el poder o las riquezas para hacer plausible esta aseveración.

La riqueza y el poder son aspectos de ambas religiones. La riqueza y el poder son manifestaciones basadas en el pacto del éxito de puntos de visto religiosos rivales. Es por eso que Dios advirtió a su pueblo para que no creyeran que sus acciones autónomas les otorgaron sus bendiciones: ” Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día” (Deut. 8:18). Se debe reconocer que los adversarios de Dios también quieren una confirma ción visible de la validez de su pacto con la muerte, pero Dios les advierte que “la riqueza del pecador está guardada para el justo” (Pro. 13:22b).

La entrada de los hebreos a Canaán les debía haber recordado este hecho: los Cananeos habían construido casas y viñas en vano; sus enemigos, los hebreos, las heredaron (Josh. 24:13).

Los que creen en la religión de poder han rehusado ver que la riqueza a largo plazo en cualquiera sociedad es el producto de la adhesión ética a la ley de Dios, Ellos han buscado las bendiciones del de Dios mientras niegan la validez y las reglas éticas que los atan eternamente a ese pacto. En resumen, ellos han confundido los frutos del Cristianismo con sus raíces. Han tratado de cortar las raíces y al mismo tiempo preservar los frutos.

2. La Religión Escapista

Esta es la segunda gran tradición de la religión anticristiana. AI ver que el ejercicio del poder autónomo es una trampa y un engaño, los propagadores de la religión escapista han intentado a aislarse a sí mismos de la cultura general —una cultura mantenida por el poder. Ellos han huido de las obligaciones del dominio mundial, y aun del dominio regional, con la esperanza de que Dios los excusará del pacto dominical general.

La versión cristiana de la religión escapista se llama a veces “pietismo,” pero sus raíces teológicas se pueden trazar desde la antigua herejía del misticismo. En vez de proclamar el requisito de una unión ética con Jesucristo, el hombre perfecto, el místico busca a una unión metafísica con un dios monista y unificado. En la iglesia primitiva, había muchas especies de misticismo, pero la religión rival más temida que infiltró continuamente la iglesia era el gnosticismo. Esta proclamó muchas doctrinas, pero la esencia de la fe gnóstica era el individualismo radical: la retirada de la dimensión material, y el escape a una dimensión espiritual más pura y más alta, por técnicas de la manipulación de sí mismo: el ascetismo, la conciencia más alta, y la iniciación a los misterios secretos. Aún hoy día, el gnosticismo sobrevive como una forma de pensar y actuar (o dejar de actuar). La esencia de esta fe es el antinomianismo, anti (contra), nomos (ley). Los gnósticos desprecian la ley de Dios. Pero su odio por la ley de Dios los lleva a aceptar las leyes del Estado. A fin de escapar de la ley de Dios, ellos aceptan la ley humanista.

La idea básica detrás de la religión de escapismo es la negación del pacto de dominio. El religioso escapista cree que las técnicas de disciplina propia, ya sea bajo Dios o aparte de Dios (el budismo), ofrecen poder únicamente sobre áreas limitadas de la vida. Ellos procuran conservar su poder por enfocar su preocupación ética en áreas progresivamente (regresivamente) más estrechas de la obligación personal. El “creyente verdadero” piensa que él ganará más control sobre sí mismo y su pequeño ambiente por restringir sus auto-impuestas zonas de obligación. Su preocupación es sí mismo, de principio a fin; su intento de escapar de las obligaciones más allá de los límites del yo es un programa para ganar el poder sobre sí mismo. Es una religión de obras, de auto-salvación. Un hombre “se humilla” a sí mismo admite que su poder tiene límites y por lo tanto limita la extensión de sus obligaciones —sólo para elevarse a sí mismo a una posición de espiritualidad que es hipotéticamente a la semejanza de Dios.

La religión escapista proclama la paz institucional —”la paz a cualquier precio,” Ezequiel respondió a tal afirmación en el nombre de Dios: “… engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz” (Ezek. 13:10a). Las palabras inflamatorias de Patrick Henry provienen de Jeremías. “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: “!Paz, paz!” y no hay paz” (Jer. 6:14). Esta religión rival proclama la paz porque tiene poco interés en los esfuerzos sistemáticos que siempre se requieren para purificar las instituciones como un preludio a la reconstrucción social.

En resumen, la religión escapista exige una huida del mundo. Sus defensores pueden esconder su verdadera preocupación —que es el abandono sistemático de un mundo supuestamente tan corrupto que no se puede hacer nada para vencer la maldad cultural general, apelando a su responsabilidad moral de “compartir a Cristo con el mundo” o “edificar la Iglesia” en vez de reedificar la civilización, pero su interés último es el escape personal de la obligación. Esto Rushdoony lo llama una rebelión en contra de la madurez.

3. La Religión de Dominio

Esta es la fe ortodoxa. Proclama la soberanía de Dios, la seguridad de los credos históricos, la necesidad de defender los principios, y el requisito de que hombres fieles se arriesguen por la causa de Dios. Proclama que al ejercer una fe salvadora, y por la adhesión ética a la ley revelada de Dios, hombres regenerados aumentarán la extensión de su dominio sobre la tierra. Es una religión de conquista —la conquista por medio de la ética. La meta es la adhesión ética con Dios, pero los resultados de esta adhesión exigen el dominio —sobre súbditos obedientes, sobre rebeldes éticos, y sobre la naturaleza.

Este es el mensaje de Deut. 28:1-14. También es el mensaje de Jesucristo, quien caminó perfectamente en los estatutos de Dios y en el Espíritu de Dios, y a quien entonces el Padre le otorgó todo el poder sobre la creación (Mat. 28:18). Aquí no hablo de la Segunda Persona de la Trinidad pre-encarnada, que siempre tenía todo el poder; hablo del Cristo encarnado, el hombre perfecto, que ganó todo el poder a través de la conformidad ética a Dios y por su muerte y resurrección.

La religión del dominio reconoce la relación entre la justicia y la autoridad, entre la fidelidad basada en el pacto y las bendiciones basadas en el pacto. A los que son fieles en las cosas pequeñas se les da más autoridad. Este es el significado de la parábola de los talentos (Mat. 26:14-30). El proceso de dominio progresivo es una función de santificación moral progresiva, tanto personal e individual como institucional (la familia, la iglesia, los negocios, la escuela, el gobierno civil, etc.).

La religión basada en el pacto es siempre franca y abiertamente basada en los credos; contiene una teología pública. La religión del poder y la religión del escapismo pueden o no pueden ser abiertamente basada en los credos. No obstante, cada perspectiva del mundo tiene un credo, aunque ese credo permanente afirma que “no existe un credo permanente.” Los credos son los conceptos ineludibles. Nunca es una pregunta de “el credo frente al no credo”; es una pregunta de cuál credo.

Tenemos que entender, sin embargo, que la religión del poder raras veces se anuncia a sí misma como ineludiblemente una religión basada en los credos, aunque el comunismo y el nazismo hayan sido las excepciones a esta regla general. En el ambiente del occidente “liberal” los defensores de la religión del poder pocas veces anuncian abiertamente sus intenciones hasta las últimas etapas de su captura del poder institucional.

Históricamente, el Cristianismo ha sido dividido entre devotos a la religión del dominio y devotos a la religión del escape. Por ejemplo, las tendencias de los pietistas europeos —los menonitas y los Amish —han sido caracterizadas por su retirada de la política y la cultura. Estos dos grupos también han sido pacifistas. Los escapistas cristianos de hoy (los fundamentalistas, los pietistas) sólo quieren diferir la confrontación de poder contra el escape hasta que Jesús regrese otra vez y resuelva los problemas de la sociedad por medio de su poder. Esta teología de diferimiento de obligación social ha llegado a estar visiblemente en quiebra en los años 80.

El Desafío de Miranda

Los teólogos marxistas de la liberación reconocen este impulso escapista en el cristianismo popular. Ellos ridiculizan el cristianismo diciendo que esta religión de escape es la esencia del cristianismo, la única opción al socialismo revolucionario. Esta es una elección falsa. Los marxistas ignoran la teología del dominio. Ellos fingen que esta opción no existe y nunca ha existido, pero sí existe.

El teólogo de la liberación marxista José Miranda predica la posesión común de todos los bienes. El desafía a los cristianos que defienden el orden social no comunista de hoy. El dice que todos son escapistas. Todos ellos son defensores de una fe que es irrelevante e históricamente impotente. El está consciente acerca de la ineficacia del cristianismo de escapismo:

Ahora bien, la expresión “mateana” el “Reino de los Cielos” era la única que les servía de pretexto a los teólogos escapistas para sostener que el Reino debería realizarse en otro mundo. Ni siquiera el hablar de la gloria o de entrar en la gloria les podía servir de apoyo, pues los salmos explícitamente enseñan: “La salvación está cerca para los que Le temen, de suerte que la gloria habitará en nuestra tierra” (Ps. 85:10).1

1. Miranda, José, Comunismo en la Biblia (Méjico, D.F., Siglo Veintiuno Editores, [1981] 1985) págs. 35-36.

. . . qué cosa sea el paraíso o el estar con Cristo o el seno de Abraham o el tesoro celeste, es una cuestión que bien podríamos dejar a un lado, porque lo que nos importa es el Reino definitivo que constituye el contenido central del mensaje de Jesucristo; les regalo el paraíso a los escapistas.2

2. Ibid., pág. 38.

Hablar de un Reino de Dios en otro mundo no sólo es fundar una religión nueva sin relación alguna con la enseñanza de Cristo (ninguno de los textos que la teología escapista esgrime mencionan al Reino), es afirmar exactamente lo contrario de lo que Cristo enseña: “Ha llegado a vosotros el Reino” y “Venga tu Reino”. El hecho de que la tradición haya enseñando por siglos*que el Reino es en otro mundo, sólo demuestra que la tradición traicionó a Jesucristo y fundó otra religión completamente distinta.3

3. Ibid., págs. 40-41.

La enorme atracción de la teología de la liberación en América Latina (y en los seminarios de los Estados Unidos) proviene de su habilidad de transferir los conceptos poderosos de la Biblia a la visión marxista revolucionaria. Miranda está en lo correcto acerca del énfasis en el otro mundo de los fundamentalistas escapistas y la religión tradicional. El está equivocado acerca del supuesto comunismo del evangelio. Pero demanda un grado de sofisticación teológica poco común en círculos cristianos para señalar sus errores y vencerlos utilizando la Biblia, sin destruir a la vez la base de las versiones del escapismo en el cristianismo. Es por eso, que el desafío de la teología de la liberación no es contestado por los que tienen la mejor opción en sus manos (la Biblia) pero que no entienden lo que dice acerca del reino de Dios en la tierra y en la historia.

La religión del poder hoy día es el elitismo humanista (principalmente el Comunismo), que tiene como meta la conquista de la naturaleza por el hombre autónomo (especialmente la conquista de la humanidad). A menudo en este esfuerzo se utiliza mal la disciplina intelectual de la ciencia. La cual es opuesta tanto por la religión escapista, como por la religión del dominio que se basa en la ética.

Implícitamente, ambos rivales del Cristianismo están opuestos a la idea de que el progreso legítimo a largo plazo es posible antes del regreso de Cristo con poder. La Biblia ofrece como una opción un concepto del dominio intelectual, económico y científico a largo plazo que puede vencer la mayoría (aunque no todos) de los límites impuestos por Dios sobre Su creación como parte de Su maldición.

La Etica y la Liberación

Debemos tomar el yugo de Cristo sobre nosotros. Debemos hacer un pacto con Dios. El Dios que libertó a los hebreos de la esclavitud a Egipto y de los dioses de Egipto también ofrece liberación al hombre de hoy. Pero esta liberación siempre es relativa al pacto. Es por medio de la adhesión a un pacto. No es un pacto sin leyes; es un pacto con leyes. Cristo nos llama a ser sus siervos.

¿Es nuestro lugar buscar la libertad política? Por supuesto. Los hombres libres son hombres serios. Ellos tienen más oportunidades de servir a Dios. Pablo nos relata esto:

Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede. ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asi mismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres, (l Cor. 7:20-23)

¿Debemos quejarnos a Dios porque no tenemos algún índole de libertad completa, o alguna auto nomía prometida (ley propia)? No, porque ese es el camino de la esclavitud a Satanás, al pecado, y a la servidumbre política. Así es cómo llegamos a ser esclavos de hombres. Eso es lo que debemos de evitar llegar a ser. Tenemos que buscar el adaptar nos éticamente a Dios; entonces la libertad será añadida a nosotros. Debemos buscar cada cosa a su debido tiempo.

Resumen

Los que dicen a los hombres que Dios, el comunismo, el humanismo, o cualquier otra fuente de autoridad puede liberar a los hombres de toda responsabilidad a cualquiera o a toda institución, predican una religión falsa. El sueño de Marx de la desaparición del estado ha conducido a la pesadilla del estado comunista totalitario. Los hombres deben servir a Dios o a otra autoridad. El hombre está hecho para servir. Pero también está hecho para ejercitar dominio. El debe servir a Dios y ejercitar dominio. El debe estar subordinado a Dios pero soberano como mayordomo de Dios sobre la creación. Cualquier movimiento que exitosamente tienta a los hombres a hacerce a sí mismos subordinados a otra cosa que no sea el Dios de la Biblia, lleva a sus seguidores al pecado y por lo tanto a la tiranía.

Tenemos que escoger a quien serviremos; a Baal o a Dios, a Mamón o a Dios. El debate entre la teología de liberación de la Biblia y la teología de la liberación del marxismo gira en torno de está elección.

En resumen:

1. La esclavitud es un concepto ineludible.

2. La pregunta es siempre: “¿A quién estaré sujeto?”

3. Los que adoran al poder adoran a Satanás, que tiene menos poder que Dios.

4. Se nos advierte que temamos al que puede destruir el cuerpo y el alma en el juicio eterno.

5. Hay tres perspectivas religiosas del mundo: la religión del poder, la religión de escape, y la religión bíblica del dominio.

6. La religión del poder es una religión de autonomía: una ley hecha por el hombre separado de Dios.

7. La religión escapista es una religión de antinomianismo: el negar el poder de la ley de Dios,

8. Es también una religión de la salvación por sí mismo: ascetismo hasta la salvación.

9. La religión de dominio es la religión ética que afirma el poder de la ley de Dios: la conquista por medio de la ética.

10. La religión del dominio afirma las realidades del tiempo.

11. El dominio viene por la santificación moral progresiva: personal e institucional.

12. La religión del dominio es una basada en los credos: principios fijos.

13. Los teólogos de la liberación marxistas asumen que su religión de poder es la única opción a la religión escapista del pietismo.

14. El yugo de Cristo nos liberta.

15. Es un yugo relativo al pacto.

16. Implica la adhesión por la gracia a la ley bíblica.

17. La autonomía (la ley hecha por hombres) es el camino a la esclavitud bajo Satanás.